Aquella noche empezaba bien. Íbamos a ir a las terrazas de los carnavales, lo teníamos todo preparado, yo vestida de monja sexy y ella de ángel negro, con un top negro una falda, y calentadores negros, todos de terciopelo negro, aquella minúscula faldita, dejaba ver sus muslos bien formados, y su pequeño top, que apretaba aún más si cabe sus grandes pechos. Era una mujer bastante rellenita, con muchísimo pecho pero muy sexy. Mientras me maquillaba charlábamos animadamente. Aquella noche buscaríamos a su hermano que se encontraba trabajando de seguridad en la terraza a las que pensábamos ir. Mientras se arreglaba en el baño, yo me terminaba en el dormitorio, pero necesitaba un lápiz que ella tenía, así que me acerqué al baño, y abrí la puerta, ella estaba apoyada en el lavamanos se estaba perfilando los ojos.

- Necesito el lápiz, dije mirándola a través del espejo,

- Espera ya termino, dijo sonriéndome, yo la miraba,

No podía apartar mis ojos de sus piernas, de su trasero, y del escote que veía en el reflejo del espejo ella se dio la vuelta, me miró con el ceño fruncido la miré y le sonreí, me había visto. Ella se acercó a mí y me empujó contra la pared apretándose contra mí, su boca buscó la mía con desespero, yo respondí a su fogosidad, su abrazo fuerte, y su piel pegada a mi piel, sus manos en mi cuerpo, en mi trasero. Mis manos recorrieron sus curvas, con deseo. Se apretó aún más contra mí, sus pechos, se oprimían contra mis pechos, sus labios no dejaban de recorrerme. Pronto empezó a desnudarme, me quitó el vestido casi descosiéndolo y quedé en ropa interior.

- Vamos al dormitorio

Yo le seguí y en él, le quité su top y la faldita, y mis labios recorrieron sus pechos, y mis manos acariciaron su cuerpo mientras ella gemía de excitación. Me empujó hacia la cama en la que se recostó sobre mí y mientras me besaba sus manos bajaron hacia mi sexo ya bastante excitado. Sus dedos tocaron con suavidad pero fuerte mis labios abriéndolos, para alcanzar mi clítoris, cosa que acarició más suave, yo no podía parar de gemir y de desearla cada vez más.

- Espera me dijo.

Yo la miré confundida. Ella fue hacia el armario, abrió un cajón y sacó una bolsita de color rosa. Y lo sacó sonriendo. Era un vibrador, que parecía completamente un miembro masculino, de color negro, tan detallado que parecía real, tenía incluso los pliegues que tendría uno real.

- ¿Lo quieres? Preguntó

- yo… nunca lo he usado.

- No te preocupes lo haré con suavidad.

Se volvió a recostar sobre mí y lo dejó en la mesilla, siguió besándome y acariciándome, volvió a bajar la mano hasta mi clítoris que había perdido algo de excitación, pero ella sabía perfectamente lo que tenía que hacer, para volver a estimularme, mis gemidos no tardaron el volver. Lo cogió de la mesita, y despacio jugó con la punta, ya vibrando, en mi sexo, me hizo desear que lo introdujera, pero esperó a que se lo pidiera,

- Por favor… hazlo ya,

Ella sonrió y despacio buscó mi vagina, lo introdujo despacio, yo solté un pequeño gritito, pues era más grande de lo que esperaba, pero fue muy suave, muy lento comenzó a moverlo de adentro hacia fuera, Mis gemido se hicieron cada vez más intensos, sus labios no paraban de recorrer mi cuello mi mano instintivamente bajó hasta la suya y la sujetó, ayudándola a moverlo como mi cuerpo deseaba. Me faltaba muy poco, y se hice saber.

No podía más y antes de llegar al éxtasis me recorrió por completo un escalofrío, mis gemidos convertidos en grititos se esparcieron por toda la habitación, sus labios se unieron a los míos, cuando se apartó el sudor nos recorría. Sus ojos me miraban divertida. Puso el vibrador de nuevo en la mesita. Yo la miraba, mordiéndome el labio. Respiré hondo e incitándola me senté a horcajadas sobre ella, ahora eran mis labios los que buscaban los suyos, no podía creer que hubiera tenido el mejor orgasmo, que había sentido en mi vida con ella. Mi boca recorrió su cuerpo, sus grandes pechos, su cuello, su ombligo, mis manos la acariciaban mientras ella se revolvía bajo mi peso para sujetarme también. Me quedé de rodillas, entre sus piernas, me erguí un momento, la miraba pícara y su ceño fruncido, se convirtió en una amplia sonrisa cuando mi cara bajó y le mordí suavemente el interior de los muslos, hasta llegar a su sexo, cuando mi lengua rozó sus labios, se estremeció toda, y gimió profundamente, luego despacio jugueteé con mi lengua, y sus labios, los separé para acceder a su clítoris, que ya inflamado, me reclamaba, despacio lamiendo y succionando, haciendo que sus piernas temblaran, entre sus gemidos escuché que me decía:

- No pares, estoy a punto

Yo sonreí y seguí jugueteando, oí sus gemidos más intensos y cómo los temblores se intensificaban, haciendo que su cadera se levantara, sus manos agarraron las sábanas a sus lados arrugándolas dentro de sus puños, pero no paré seguí lamiendo su sexo haciendo que el éxtasis se intensificara tanto que no pudo evitar gritar de placer.

Cuando se relajó me volví a subir en ella buscando su boca, que me besó intensamente. Su mirada de placer, su sonrisa y su abrazo hizo que me sintiera completamente unida a ella, en tal modo que yo no había sentido jamás.

Ella era mi amiga y esa noche fue mía igual que yo suya. La amé y me amó como jamás alguien lo había hecho.