Una Noche De Carnavales
Como muchas otras noches, fuimos a verle a su trabajo, trabajaba de segurita en una obra en las palmas, pero esta noche era especial, había sido la noche grande de los mogollones, fiesta de los carnavales que aquí en la isla se vive muy activamente casi frenética. Yo me había disfrazado de Monjita Sexy, era un vestidito negro, sin mancas, con un pequeño escote, y una abertura en la falda del lado derecho, que llegaba casi a la cadera, y yo como siempre, para darle una vuelta más de tuerca a la cosa, me puse unas medias de rejilla rojas, unos cuernitos en diadema que asomaban por el pañuelo de monja, y una cola de diablesa que se marcaba en el trasero del vestidito, ni que decir tiene que di el cante, todo el mundo tenía que decirme algo, me encantó aquella noche. Como casi siempre esa noche él no pudo venir, así que le llevamos la fiesta a su trabajo, aquella noche le tocaba estar en una obra cercana, le llevamos un par de cervezas y nos quedamos allí un largo rato.
Yo me sentía atraída por él, era como una química especial que me golpeó nada más conocerle, era alto, ancho de espaldas, corpulento, pero lo que más me atraía de él era su mirada y su sonrisa. Su mirada era increíblemente cautivadora (hum tenía que ser Escorpio, mi debilidad) me miraba como si quisiera comerme, y su sonrisa me apasionaba tan sensual que tenía que pensar en otras cosas cuando estaba a su lado o cuando notaba su mirada en mí ser. Si no lo hacía temía derretirme allí mismo delante de todos mis amigos, su hermana incluida.
Nos recibe con una amplia sonrisa dándonos un par de besos a las chicas y un apretón a los chicos. Se nos queda mirando a las chicas, su mirada se paró en mí y alzando las cejas, exclamó: - ¿tú no sabías que escoger no?
Y yo coqueta contesto:- yo me vestí de monjita pero esto salió solo dije señalando los cuernos y la cola,
Todos rieron la gracia yo incluida. Al rato de estar allí comienzo a tener frío así que voy al coche, me pongo un pantalón sobre las medias y sin quitarme aún el vestido me pongo la chaquetilla del chándal que cierro por delante con la cremallera. Pero pronto me incomoda llevar el vestido debajo. Así que voy a quitármelo al baño me quito la chaquetilla e intento bajar la cremallera que llega hasta la cintura desde el cuello, sin éxito, decido ir a buscar ayuda, salgo del baño en busca de ayuda y me encuentro con él casualmente, anda en círculos hablando por el móvil me mira y cuelga, su mirada denota curiosidad ya que me he quedado parada delante del baño. Me giro aparto el pelo y
digo: - Necesito ayuda.
Se acerca sonriéndome y noto sus manos manipulando la cremallera yo cruzo mis brazos delante de mi pecho, no quiero quedarme semidesnuda. Se acelera su respiración, roza mi espalda con los nudillos y me estremezco, se muerde los labios y yo muerdo fuertemente los míos. No puedo moverme me tiemblan las piernas y temo que me caiga si intento dar un paso, acabo de mojarme. Él se queda detrás noto su calor. Y un dedo me recorre, baja por mi espalda hasta la cintura, me estremezco de nuevo al tiempo que me muerdo más fuertemente los labios y cerrando mis ojos, casi se me escapa un gemido. Se ha electrizado el aire entre los dos y mi piel se eriza. Da un paso hacia delante y noto su aliento en mi nuca, y mi cuello, sus manos se sitúan en mi cintura y su boca busca mi cuello, me vuelvo a estremecer y esta vez me fallan las rodillas, en ese momento no sé si podrán seguir sosteniéndome mucho más.
Me atrae hacia él y noto su más que evidente erección y yo sólo puedo quedarme totalmente quieta. Dejo hacer a sus manos que me recorren con delirio, metiéndose dentro del vestido. No lo soporto mis rodillas flojean, me vuelvo hacia él buscando su boca y me apreté contra el fundidos en un beso increíblemente excitante. Le deseo
Mientras estamos fundidos en ese ardiente abrazo mis manos se meten debajo de su camisa. Oímos un ruido, yo me suelto rápidamente y corro hacia el baño allí, me recompongo como puedo y le oigo hablar con su hermana, que le pregunta por mí. Mi corazón va a estallar, mi sexo palpita y yo intento bajar el rubor de mis mejillas con agua fría. Salgo como si nada y digo para disimular:
- este que no quería salir, dije señalando el vestido en mi mano.
Mi amiga me mira, le mira a él que ya se ha dado la vuelta para encaminarse hacia el baño y me vuelve a mirar con el ceño fruncido, me sujeta del brazo cuando paso a su lado, obligándome a encararla
- me vas a decir que ha sido solo el vestido ¿no?
- Si contesto resuelta.
Aquella noche descubrí que más tarde o más temprano sería suya.
